Un día de invierno de hace unos 5 años, mi vecina Alba (una chica alta, inteligente, simpática y un poco tímida) y yo, fuimos a dar una vuelta en bicicleta por nuestra urbanización, vimos un pequeño muro de mas o menos medio metro de altura y nos paramos porque estábamos ya bastante cansadas de pedalear. Eran las 19:30 de la tarde aproximadamente y en invierno anochece antes. Nos apetecieron unas mandarinas del campo de detrás del murito y allá que nos fuimos, a lo últimos árboles a coger las mandarinas. Qué mal que hicimos... Cuando yo volvía a donde estaban las bicicletas para sentarme y dejar las mandarinas para volver donde estaba Alba, vi que tres perros bastante grandes venían hacia mi, entonces salí corriendo al árbol donde me esperaba Alba a decirle que los tres perros me habían visto y venían hacia allí. En ese momento rápidamente empezamos a correr dejando atrás las bicicletas y buscando un sitio alto donde subirnos, porque todos los árboles eran demasiado pequeños, entonces encontramos una balsa de agua de unos 2 metros de altura perteneciente a una masía cercana a los campos de naranjas. Nos subimos por las escaleras y nos pusimos en la parte mas alejada de ellas con unas piedras y unos palos que cogimos en nuestra carrera. Mientras estábamos allí, nos dimos cuenta de que se veía el camino de nuestras casas y nos pareció ver a mis padres y a su abuela, entonces empezamos a silbar para que se dieran cuenta de que estábamos allí, pero, obviamente, no nos podían oír, ya que estábamos a unos 3 kilómetros de distancia de ellos. Después de una hora y media, hartas del frío y de los ruidos que oíamos vimos que aparecía un coche con las luces puestas; no sabemos con exactitud si fue por el miedo, por el frío o por el cansancio, pero empezamos a imaginarnos que el coche pararía porque nos había visto y que serían los dueños de la masía en la que estábamos y nos iban a reñir por allanamiento de morada, aunque no estuviéramos haciendo nada malo, entonces, en ese instante el coche paró a unos metros mas hacia delante de la entrada del camino y empezó a tirar marcha atrás parándose justo en la entrada del camino, se mantuvo allí durante un minuto, más o menos, pero por suerte luego se fue.
A las 21:15 aproximadamente vimos aparecer a mis padres y a mi hermano por el camino y nos pusimos a silbarles para que supieran que estábamos allí. Entonces bajamos y fuimos corriendo hacia donde estában ellos para irnos a casa muertas de frío y de hambre, porque, después de todo, ¡nos quedamos sin comernos las mandarinas!
Afortunadamente no nos pasó nada y todo se resume en esta anécdota que cada vez que la recordamos no reimos de lo tontas que parecimos.
Delia González 4º E.S.O. A
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


4 comentarios:
Que conste que es inventada ¿vale? xD bueno, no toda. Nos pasó algo parecido pero no igual :)
Un saludo para todos lo que leen el blog.
A mi me paso una cosa, un tanto parecida, pero a la vez diferente, por eso me ha hecho gracia.
Un día nos fuimos al campo de una amigo Lorena y yo y con la alegría que tienes, siempre que eres pequeñín, pues nos fuimos con las bicicletas a dar vueltas por distintas sendas y esas cosas.. y en una de ellas vimos como uan especie de "balsa".. Nosotros, emocionadisimos de ver tantos renacuajos que flotaban por el agua, empezamos a adentrarnos por esa especie de tierras movedizas, y en una de aquellas pisadas inseguras.. pumm, al patoso de David se le undió el pie en todo el fango y nada.. no había manera de sacarlo y cuanto más intentaba salir más fuerza hacía, más adentro me metía. Mi amiga, que estaba ilesa, por así decirlo, se fue y me dejó solo en tal apuro para buscar ayuda.. Cuando llegaron mis padres y sus amigos y me sacaron me senti como un corcho en una botella de champán cuando se está abriendo, hizo el mismo ruido, y después de pasarlo mal, aún llegó lo peor, la bronca y el castigo de mis padres. Hace ya de esto 6 años, lo menos, y aun me sigo acordando y hasta yo mismo me rio de mi, pero el miedo que pasé aquel día no me lo quitó nadie.
Nose.. me liado aquí.. pero por lo menos alguien te comenta Delia..me ha gustado jaja, me ha hecho gracia :)
jajaja ¿Insinúas que nadie me comenta? :O No me lo esperaba de ti David, sinceramente no me lo esperaba. Jajaja, que cosas nos pasan en la vida que nos hacen reír cada vez que nos acordamos de ellas, aunque nos hayan hecho sentir un ridículo inmenso o parecer tontos pero que cuando las cuentas te traen tan buenos recuerdos de la niñez.
Saludos. Delia González 4º A
Muy buena historia. Muy buena colaboración y muy buenos administradores.
Creo que ahora me voy a cenar y a dormir a pierna suelta, que esto está en buenas manos.
Publicar un comentario